jueves, 4 de septiembre de 2014

Vuelta al cole

 

Sé que hay mucha gente que no comprende el apego que tengo por mi colegio, y a veces ni yo misma me he explicado cómo es que he soñado en varias ocasiones que volvía a estar en la época del cole (15 años después de haber salido), pero hoy lo he visto claro.

Hoy hemos tenido la primera reunión de la clase de mi acaparadordetiempo, que dentro de unos días se inicia en elcoledelosmayores, y allí estaban para darnos la bienvenida un director general al que conocemos personalmente y que ha bautizado a una de mis sobrinas, un director académico que fue mi profesor y tutor en mi último curso y al que todavía me cuesta hablarle de tú, y un coordinador de pastoral al que soy incapaz de llamar Padre Nacho porque es mi amigo desde hace muuuchos años. Y en ese ambiente de familiaridad me entero de que la seño de mi hijo los próximos 3 años será la que fue mi primera entrenadora de baloncesto, la que con 9 años me enseñó a botar la pelota y a tirar a canasta, la que me metió el gusanillo del baloncesto en el cuerpo.

Subo por las escaleras hacia la que será la clase de mi acaparadordetiempo, y miro a un lado y a otro… y veo personas, muchas personas, a las que no habría conocido si no hubiera estudiado en este colegio y que son grandes pilares en mi vida. Mi colegio me dio a la mayoría de amigos que tengo (si no directamente, a través de ellos), me dio profesores referentes a los que trato de imitar cada día, me dio entrenadores que me enseñaron los valores del deporte en equipo, y me dio el amor. Que en otro colegio hubiera conocido a otras personas maravillosas ya lo sé, pero entonces no sería yo, sería otra, y mi pequeño acaparadordetiempo no existiría. No hay más razones entonces, este colegio me ha dado mi vida, me ha hecho ser quien soy. Y mira que en lo religioso les salí rana, pero no importa, yo quiero que a mi hijo le hablen de Jesús y del Padre Damián, porque como modelos de vida son excelentes, quiero que le enseñen a rezar y a buscar lo trascendental, y que luego ya él lo encuentre donde quiera.

Hoy en la reunión nos han pedido que escribamos lo que pedimos al colegio y también lo que ofrecemos. Yo le pido que se convierta para mi hijo en el mismo referente que es para mí, que le haga sentirlo como una prolongación de su casa y que le haga disfrutar y aprender tanto como lo hice yo. Y ofrezco compromiso con su vida escolar y con la de todo el colegio, y confianza total en los profesores, porque todos enseñan, los buenos y los malos.

Yo hoy vuelvo al cole, a mi cole, a nuestro cole.

“Al final del camino me preguntarán: ¿has amado?...
Y yo no diré nada.
Mostraré las manos vacías
y el corazón lleno de nombres".
 (Pedro Casaldáliga)

martes, 22 de julio de 2014

Mientras tanto


Llevo días con la cabeza llena de imágenes terribles que la televisión e Internet nos enseñan sin ningún pudor y sin ningún respeto (a ellos, por supuesto, no a nosotros). Llevo días con un profundo sentimiento de no saber cómo se puede llegar a esto y, lo que es aún peor, cómo se puede salir. Y entonces me he acordado que hace casi 16 años, el 17 de diciembre de 1998, vi en directo cómo EEUU bombardeaba Irak sin aviso y sin motivo (oh, perdón, sí había un motivo: tenían armas de destrucción masiva…). Aquello me impresionó muchísimo. Cortaron la emisión en prime time para mostrarnos al mundo en directo cómo caían las bombas y los misiles a miles de kilómetros. Aquellas imágenes oscuras con las líneas verdes de los misiles cayendo sobre las casas se me quedaron grabadas para siempre. Ese día me costó dormirme y, como siempre, como ahora, saqué lo que me dolía y lo puse en un papel. El resultado fue esta poesía adolescente y hoy quiero escribir otra vez de este dolor, pero no se me ocurre nada mejor. Lo único que quiero añadir es una triste reflexión… No solo no hemos cambiado, vamos a peor. No seamos insensibles al dolor ajeno, por mucho que la televisión e Internet nos lo muestren como algo natural. No lo es, ese dolor que nos muestran no es natural, lo causa el ser humano, cada día más inhumano.

Mientras que tú duermes,
suenan sirenas de alarma;
mientras que tú duermes,
un estallido perturba su calma.

Mientras que yo escribo,
llora un niño, tiene miedo;
mientras que yo escribo,
otros, moviendo un solo dedo,
destruyen todo lo vivo.

¿Cuántos niños quedarán solos?
¿Cuántas casas destrozadas?
¿Cuántos corazones rotos?
Tan solo por demostrar quién manda.

El todopoderoso ataca de nuevo,
morirán miles de inocentes
como ya pasó en Sarajevo.

Reyes del mundo, amos del universo,
dueños de la libertad,
cumple sus normas o morirás,
camina por donde te mandan
o de nuevo llegará
el hombre americano
a defender la justicia y la paz,
bajo una máscara democrática,
actuando cual tirano.

Mientras que en Japón se levantan
para ir a cotizar a la Bolsa,
¡cuántas bombas estallan!
¡cuántas vidas quedan rotas!

Mientras que tú duermes,
mientras que él se levanta,
mientras que yo escribo,
todos contemplamos otra vez
el espectáculo de la guerra
como si una película fuera;
pero esto es realidad,
ahí no hay montajes, todo es verdad.

Si en algún momento escuchas
en la tele a una persona gritar,
es que alguien, desde ese instante,
no volverá jamás a llorar.

Y mientras tanto a nosotros
con apagar la tele nos basta,
y a este mundo de locos
volvemos la espalda.

Continuará el todopoderoso
mandando sobre todos,
imponiendo su poder;
y mientras tanto otros
cogeremos un trozo de papel
y con rabia escribiremos
palabras para un sentimiento
de inmensa impotencia,
de no saber qué podemos hacer.